Una voz familiar

En pleno auge de todo tipo de aplicaciones biométricas, la autenticación basada en la voz parece provocar menos resistencia entre los usuarios que otros métodos biométricos de seguridad entre los usuarios. Es un sistema sin contacto, fácil de utilizar y que interfiere poco en la privacidad del usuario.

Según una encuesta de Unisys, las medidas biométricas preferidas por los consumidores son, en este orden: el reconocimiento de voces (32%), las huellas dactilares (27%), el escaneado facial (20%), la geometría de manos (12%), y el escaneado del iris (10%). Esta clasificación viene a confirmar que la gente opta por la comodidad y la familiaridad a la hora de elegir un método biométrico.

La profesora Judith A. Markowitz trabaja desde Chicago como asesora de biometría y reconocimiento de voces para clientes como Motorola, VoiceVerified y West Corporation. Según Markowitz, el primer paso para comprender este tipo de biometría es hacer una clara distinción entre el reconocimiento de voces –la capacidad de un sistema de procesar “lo que dice una persona”– y la verificación de hablantes, “que es la tecnología basada en una fisiología y conducta vocales individuales para validar una presunción de identidad”.

Cómo funciona
La tecnología de reconocimiento de voces es posible una vez que se ha creado un modelo digital de la voz de una persona que pueda servir como perfil almacenado o modelo para dicha voz. Las palabras y las frases se descomponen en varios tipos de patrones de frecuencia que, tomados en su conjunto, describen la forma única de hablar de cada persona. Dichos perfiles quedan almacenados en bases de datos para ser comparados, al igual que otros tipos de datos biométricos.

Estos sistemas pueden depender del texto o ser independientes de éste (también pueden ser una combinación de ambos) y utilizarse, por ejemplo, para controlar accesos. En la primera opción, los números o las frases se convierten en contraseñas habladas que pueden ser comparadas con una muestra de esas mismas palabras adquirida en la fase inicial. La tecnología independiente del texto no requiere una frase como contraseña, sino que analiza el discurso del hablante en cuanto a sus características vocales únicas.

Dos grandes ventajas de la verificación de hablantes son su gran aceptación y su facilidad de uso para los usuarios, así como el precio relativamente asequible de los sistemas más básicos en comparación con otras opciones biométricas (sobre todo si la autenticación de voces va integrada en un sistema de telefonía para, por ejemplo, una firma de servicios financieros que ya cuenta con el reconocimiento de voces como parte de su servicio de clientes).

No es sorprendente, por tanto, que la mayoría de las aplicaciones para verificación de voces incluyan el teléfono para operaciones tan habituales como el uso de la banca telefónica, la realización de transacciones, resetear una contraseña o comprobar cuentas de clientes de distintos tipos, así como garantizar el acceso a los propios teléfonos.

Accesible para unos pocos
En lo que respecta a proteger el acceso físico, la verificación de hablantes se puede utilizar, por ejemplo, para registrar a empleados de almacenes a los que se ha dotado de sistemas portátiles de reconocimiento de datos de voces para llevar en el trabajo, o para efectuar controles de alcoholemia a distancia a personas que hayan cometido dicha infracción cuando éstas no estén acudiendo a la comunidad de rehabilitación. La verificación del habla combinada con el GPS se emplea también para realizar seguimientos de los guardias de seguridad y asegurarse de que son ellos, y no algún amigo, quien está cumpliendo con su turno.

La profesora Markowitz presenta dos ejemplos del potencial de la verificación del habla para la protección de accesos en Estados Unidos: “En Maryland, la ciudad de Baltimore, se había instalado en las puertas de cinco edificios un sistema para controlar el acceso de los empleados en sus horas libres; dicho sistema se usaba también para el control de la hora a la que fichaban. Esto se realiza a través del ordenador personal de cada empleado; antes de aplicar este sistema es estaban produciendo robos, y de este modo quedó solucionado”.

La verificación del habla también fue utilizada como parte de un sistema multi-seguridad que controlaba el paso de la frontera en Scobey (Montana), hasta que el 11-S propició el desmantelamiento de todos los sistemas de control a distancia. Según Markowitz, “puesto que en Scobey las temperaturas a veces descendían a 51 ºC bajo cero (o menos), no era posible utilizar ningún otro tipo de biometría. Pero hoy en día, la verificación de voces no se suele utilizar para acceder a lugares físicos, ya que existen muchas otras formas de controlar un espacio y hay otros métodos biométricos más rápidos, como por ejemplo las huellas dactilares”.

Además, tal y como señala el experto en seguridad Glen Greer, el reconocimiento de voces para sistemas de acceso no es del todo fiable. “En mi experiencia, los sistemas basados en la voz presentan índices de error bastante altos, que se traducen sobre todo en denegaciones de acceso erróneas.”

Son muchos los retos que afectan a su precisión. Entre ellos, las muestras de voz de baja calidad; la variabilidad en la voz del hablante debido a enfermedades, cambios de humor o cambios acaecidos a lo largo del tiempo; el ruido de fondo que hay mientras el hablante interactúa con el sistema; y cambios en la tecnología de las llamadas (digital frente a analógica, actualizaciones de circuitos y micrófonos, etc.).

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