Alimentación inteligente

¡Con lo fácil que era antes! Por un lado estaba la gran central eléctrica; por otro lado, la gente que usaba la energía, y para comunicarlos estaba el tendido eléctrico. Un hombre iba con su camión a leer el contador… ¡y eso era la electricidad!

Pero el futuro será diferente: las líneas del tendido eléctrico se están convirtiendo ya en calles de dos direcciones. No es sólo la electricidad de los tejados y los subterráneos lo que viaja en otra dirección por el tendido eléctrico, también los datos viajan en ambos sentidos.

Bienvenidos a la Smart Grid. Su desarrollo se ha debido en parte a la necesidad de acomodar formas renovables de generar electricidad –como la solar y la eólica-, pero también de fomentar un uso más eficaz de la energía, utilizándola cuando se dispone de ella en vez de generarla para satisfacer la demanda que pueda surgir. El propósito de limitar los picos de la demanda encaja muy bien con esta nueva era en la que la generación de energía es menos predecible, y también con la necesidad de emisiones más bajas de dióxido de carbono. En la actualidad, la electricidad cuesta prácticamente lo mismo a cualquier hora, aunque hay empresas de servicios que pagan un extra tanto por los picos de demanda como por poder deshacerse de un excedente en horas nocturnas. Con la Smart Grid, los precios se van a ajustar mucho más al mercado.

Pero para todo esto se requieren datos, y los datos de las redes inteligentes ya están provocando un verdadero campo de batalla. ¿Quién es su propietario? ¿Quién los almacena? ¿Quién los regula? ¿Quién garantiza su seguridad?

Todas estas preguntas siguen pendientes de respuesta, pero el debate ya está en plena ebullición. Según Andy Bochman, fundador del Smart Grid Security Blog: “i la información puede fluir de vuelta en sentido contrario, puede que alguien con malas intenciones quiera insertar información u órdenes peligrosas.” Sin embargo, añade, no hay por qué alarmarse sobre los riesgos de lo que él llama “la red eléctrica que se superpone a Internet.”

“Internet no carece de riesgos de seguridad”, señala, “pero sigue funcionando de una manera bastante fiable. De una manera casi paradójica, puede ocurrir que la Smart Grid sea menos segura pero sin embargo más fiable. Gracias a unos sensores y sistemas de diagnóstico mejores, podrá detectar problemas latentes, y dado su carácter de sistema autoreparador será capaz de responder automáticamente y de manera más rápida que hasta ahora.”

Según Bochman, el problema reside en que muchos servicios públicos no están acostumbrados a gestionar grandes cantidades de datos, y ahí entra en juego la Smart Grid, cuyos contadores dan cifras del uso que realizan los clientes cada pocos minutos. “El problema será la protección”, afirma Bochman, “y cómo extraer un valor comercial de las enormes cantidades que se manejan.” Por suerte, las grandes compañías de software, como Microsoft y Cisco, parecen sinceramente interesadas en ayudar a las empresas de servicios públicos que se están enfrentando a retos derivados del manejo de datos.

Bochman tiene razón cuando dice que la protección de datos es un tema vital. Los clientes tienen motivos para preocuparse si alguien ajeno puede saber si están de vacaciones por no estar usando electricidad, o incluso si se duchan siempre a las ocho de la mañana. Los patrones de uso de electricidad pueden ser muy reveladores, ya que informan sobre la hora a la que pones el agua a hervir, la hora a la que cenas o la frecuencia con la que pones la lavadora.

Y de hecho, ya hay compañías de servicios públicos que se están asomando a los hogares y regulando los aparatos de aire acondicionado cuando la demanda roza los picos. Este tipo de ideas causaron un gran revuelo en California, donde se propuso una nueva normativa de construcción para instalar termostatos programables comunicados entre sí. Aunque el consumidor podía optar por prescindir de ellos, la indignación provocada hizo que la propuesta fuera retirada.

Jack Ellis, analista del sector eléctrico californiano, propone una alternativa: “En vez de que un servicio público controle tu equipo”, sugiere, “podría enviarte los precios de la electricidad (que es lo que realmente importa), y permitir que cada cual determine cómo quiere usar su energía. Se puede, por ejemplo, fabricar hielo por la noche y usarlo durante el día para refrigerar la casa.”

EnerNOC, de Boston, ya ha empezado a pagar a sus usuarios por el mero hecho de no utilizar energía. Actuando como mediador entre los servicios públicos y los clientes industriales y comerciales, instala una tecnología que permite -a cambio de un pago- reducir el consumo de energía de los clientes de forma rápida en función de las necesidades de cada empresa de servicio.

“Aunque se trata de dar respuesta a una demanda, para la empresa es también un recurso opcional de suministro”, afirma Gregg Dixon, vicepresidente ejecutivo de marketing de EnerNOC. Responder a la demanda, continúa, es esencial para la Smart Grid, puesto que los consumidores tiene que poder sacar dinero de ello si se quiere que se acojan al plan. “Nuestros clientes ya han obtenido 200 millones de dólares sin que ello les haya costado el menor esfuerzo”, presume Dixon.

 
Los beneficios económicos son una de las ventajas del proyecto piloto que se está desarrollando en Mannheim (Alemania) bajo los auspicios del programa E-Energy del gobierno alemán, en el cual figura Energy Butler (Mayordomo Energético), desarrollado por el Instituto Fraunhofer de Tecnologías de Energía Eólica y Sistemas Energéticos (IWES). Energy Butler determina un uso eficiente ideal sobre la base de una lista diaria de precios, y controla los electrodomésticos del hogar por radio, dando al consumidor la opción de prescindir de él. Los estudios sugieren que participando en el mercado de precios de la energía se puede reducir el consumo de energía del hogar en un 10 %, pudiendo descender hasta a un 15% en periodos de consumo mínimo.

Eso sí, la privacidad del consumidor está totalmente asegurada; la empresa de servicios no sabe lo que hace Energy Butler, y el contador, que mide el uso cada quince minutos, sólo facilita esta información detallada al consumidor. En palabras del profesor David Nestle, director de Gestión de Energía Descentralizada del IWES, “el acceso a los datos sólo debe ser posible en caso de necesidad, y la empresa no necesita estos datos. A la empresa le basta con conocer la suma de los totales y sus respectivos precios.”

Hasta el momento, el debate sobre la Smart Grid se ha desarrollado sobre todo entre figuras del sector. Todo indica que la mayoría de los consumidores aún no están preparados para hacer esfuerzos por reducir sus facturas de electricidad, aunque se quejen de ellas. “El consumidor no está impaciente con este tema”, admite Bochman en su blog. Pero sí hubo un revuelo en Bakersfield (California) cuando los usuarios entendieron que la empresa Pacific Gas and Electric Company no se estaba preocupando por reducir sus gastos tras introducir contadores inteligentes. “Las empresas de servicios públicos no están acostumbradas a comunicarse con sus clientes, y eso va a tener que cambiar”, dice Bochman.

Los desastres de relaciones públicas como el que acabamos de citar son un verdadero obstáculo para el desarrollo de la Smart Grid, y Nestle afirma desde su cargo en IWES que la privacidad es un gran punto débil. “Las empresas de servicios deberían encriptar las comunicaciones de sus sistemas”, afirma. “Hasta ahora no lo han hecho porque dichas comunicaciones han sido tan sólo internas. Y es muy tentador no afrontar este tema y ocuparse sólo de ser el primero en llegar al mercado. Ahora mismo el riesgo aún no es muy grande, ya que no hay mucha gente involucrada. Pero cuando todo el asunto crezca más, es posible que a muchas bandas criminales les interese tener acceso a esos datos.”

Y para la Smart Grid no podría haber peor publicidad que se supiera que ha sido atacada por hackers.

Por Michael Lawton

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